Monumento blando

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Un pensador construye un paralelepípedo de tela abierto en uno de sus lados más pequeños.

El paralelepípedo se sostiene gracias a hilos que lo conectan a los pies y a las manos del pensador. Así que si el pensador camina, el paralelepípedo cambia de forma, se retuerce.

El pensador pulsa los hilos y el paralelepípedo amplifica la vibración de éstos.

El pensador construye secuencias intercalando momentos en los que camina, momentos en los que pulsa los hilos y momentos en los que se relaja.

El pensador despliega estas secuencias en la ciudad, en una calle, en un parque, en una plaza.

A veces el pensador agrega nuevos hilos que fija a algún objeto de la ciudad o lo ofrece a quienes se acercan a observarlo. Entonces se generan nuevas secuencias que pueden concluirse con un simple gesto o con una conversación sobre el arte, sobre la comunicación, sobre el concepto, sobre la vida cotidiana, sobre cualquier cosa.

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